Nació el 17 de julio de 1959 en Goiania (Brasil). Comenzó su carrera deportiva en las filas de Gremio, donde debutó en 1979 con 20 años y donde en 1980 con veintiún años le concedieron la Chutería de Ouru, equivalente a la Bota de oro en Europa. Pese a ello en Brasil Baltazar que compensaba su falta de técnica con su oportunismo, era considerado un buen jugador sin llegar a destacar lo suficiente para llegar a ser figura.

En las filas de Gremio se proclamó Campeón en 1981, arráncandole el título a Sao Paulo que lloró la pérdida del título debido a los goles de Baltazar. Los grandes equipos brasileños le seguían muy de cerca y Palmeiras llegó primero, algo de lo que se arrepintió posteriormente puesto que la suerte en el conjunto auriverde no le acompañó.
Luego se marchó a Flamengo donde fue campeón en 1983 pero donde a nivel personal las cosas no se acabaron de enderezar. De ahí pasó a Botafogo conjunto que tras comprobar que su fútbol se había apagado casi por completo, en agosto de 1985 decidió traspasarle al Celta de Vigo, por trece millones de pesetas.
Baltazar con humildad y tesón volvió a encontrar el camino y triunfó en el Celta hasta la temporada 86/87 en la que logró el Pichichi de Segunda División al máximo goleador de la Liga Española. Los anteriores técnicos le colocaban como constructor y no como goleador, pero, el inglés Colín Adisson fue el que se dio cuenta de sus dotes goleadoras y colocó en su sitio al brasileño en el RCCelta de Vigo.
Tras ser m�ximo goleador sudamericano e internacional con la selecci�n de Brasil, volvi� a ser ma�ximo goleador en la liga espa�ñola en la temporada 87-88 en segunda division y 88-89 en primera y uno de los tres mejores goleadores de Europa.
EQUIPOS:
Gremio, 1979 a 1982.
Palmeiras, 1982 a 1983.
Flamengo, 1983.
Botafogo, 1984/85.
Celta 1985 a 1988.
Atlético de Madrid, 1988 a 1991.
Oporto, 1991.
Rennes
Goiás
Colgó las botas en el Kyoto Purple Saga
PALMARÉS:
Internacional brasileño
Campeón de Brasil con el Gremio de Porto Alegre, 1981.
Campeón de Brasil con el Flamengo, 1983.
Bota de oro en Brasil, 1980.
Pichichi de Segunda División con el Celta, 1986/86.
Pichcichi de Primera División (35 goles), 1988/89. (Tercer máximo goleador en la historia trofeo > 1.Zarra 2.Hugo Sanchez 3.Baltazar)
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Armando Alvarez/ Baltazar es más un paradigma que una persona. Carne convertida en categoría. Baltazar resume y sublima el gol en el Celta como Gudelj. Y Nolete, Hermida y Pahiño antes que ellos. “El nuevo Baltazar”, se llegó a decir de Dinei cuando era la fiebre. Aún puede imitarlo el actual punta, aunque haya aminorado el ritmo, porque también su predecesor tuvo malas épocas. Su historia es tenebrista, de claroscuros.
Porque Baltazar, fichado por trece millones de pesetas, fracasó en su primera campaña como celeste. Seis goles en 32 partidos. “Sólo vales para comer bocadillos”, le decía García Traid, Lo cierto es que ninguno acertó a emplazarlo en la cancha. Eso lo conseguiría Colin Addison al año siguiente en el que se prclamo pichichi en el Celta.
Lo británico y lo brasileño combinaron bien. Addison enseñó a Baltazar a ratonear a la sombra de Lucas, cazando los balones que le llovían del otro. Las cifras marean: 26 goles en 34 partidos de liga regular y el súmmum, 8 en los 10 del play off. Se entiende que Vicente lo abroncase un día cuando lo vio esforzarse para defender una jugada. “Tú corre sólo hacia adelante, que para lo otro ya nos pagan a nosotros”, le espetó el capitán. Entendió su rol. Cuando en Riazor Díaz Vega señaló como penalti una falta a Alvelo fuera del área, fue Baltazar el que tomó el balón y lo convirtió.
Al año siguiente, con Maguregui, volvió a girar el destino. Sólo pudo disputar 16 goles por culpa de las lesiones. Se había convertido en un goleador famoso y las defensas lo acosaban con violencia. A los centrales del Athletic les regaló sendas biblias antes de un choque en San Mamés. Lo cosieron a patadas. “Sólo a ti se te ocurre”, le dijo Atilano al llegar al vestuario.
Baltazar era atleta de Cristo. Quizá el primero que se hizo conocido en España por tal militancia espiritual. “O Artilheiro de Deus”, le llamaban en Brasil. Conoció la Biblia a los 17 años y se hizo su devoto lector. La fe le ayudó a capear los peores tragos, como la muerte del portero del Málaga Gallardo en enero de 1987, días después de chocar con el céltico al disputar un balón dividido.
Baltazar, un tipo humilde y querido en Vigo, acabaría siendo traspasado al Atlético, donde vivió igualmente lo excelso y lo terrible del oficio. En su primer año marcó 35 goles y quebró la hegemonía de Hugo Sánchez. Un aficionado mexicano recuerda: “En el país nos levantábamos cada día preguntando quién había marcado, si Hugo o Baltazar”. Baltazar estornudaba y era gol. Pero entonces llegó Clemente y lo fue orillando. Y en 1990 la contratación de Schuster obligó al despido del delantero por mor del cupo de extranjeros.
Oporto, Rennes, Goiás… Fue el renqueante itinerario final de un tipo que había llegado a disputar una Copa América con Brasil. Colgó las botas en el Kyoto Purple Saga, al amor del dinero japonés.
Hoy, Baltazar es comentarista de radio y televisión en Goiás. Emprendió también carrera como representante, aunque no se le conocen muchos avances. En 2001 estuvo en Balaídos, con traje de predicador y su hablar suave. Pero ese es el Baltazar humano, el que sufrió lo peor de la pelota. El otro, el que la enamoraba, habita en la memoria y e
stá lejos del alcance de Ewerthon y Dinei. Al menos, de momento.
groucho77 /Baltazar María de Morais Junior, nacido el 17 de julio de 1959 en el Estado de Goiana (Brasil), se convirtió en el “rey” de Balaídos durante la temporada 1986-87, la que marcó un nuevo ascenso del Real Club Celta a la División de Honor bajo la batuta directora del británico Colin Addison.
Se había presentado en Vigo y en España con una envidiable tarjeta: Bota de Oro de Brasil con 51 goles, y en la temporada que comentamos acreditó sus excepcionales cualidades como rematador, pese a que en junio, concluído el campeonato liguero, se quiso restar méritos y atribuyó el ascenso a la gran labor de equipo, de todos sus compañeros.

Baltazar fue el gran protagonista de la campaña. Sus 34 goles, casi la mitad de los obtenidos por el conjunto (71), tuvieron decisiva influencia en el retorno del Celtiña a Primera. Su aceleración en las salidas para buscar zonas libres y su facilidad de remate con pies y cabeza le convirtieron en la pesadilla de todas las defensas rivales.
La mezcla de sobriedad británica (Colin Addison) con el fútbol a ritmo de samba (Baltazar) dio un resultado inmejorable y explosivo, para gozo y satisfacción de la afición celtista. Nadie, después, logró sacar del “atleta de Cristo”, que así mismo se llamaba el carioca, un rendimiento tan alto como el ofrecido de la mano del técnico llegado de la rubia Albion.
Justo es destacar igualmente que al sonoro triunfo de Baltazar contribuyó en buena medida otro jugador del que la afición guarda un especial recuerdo: Lucas. Su cabeza de oro, pararrayos de los balones bombeados sobre el área, sirvió muchas veces para que el brasileño, con su olfato de gol y buena colocación, culminase con dianas las acciones ofensivas del equipo.
En esa misma temporada, un penalty del brasileño, anotado en Riazor, en la disputa de los Play-Offs de ascenso a Primera División, significaba el definitivo ascenso de nuestro equipo al lugar que le corresponde, la División de Honor, y al Deportivo mantenerse en el lugar que la historia casi siempre le ha deparado, la División de Plata. Después, lanzamientos de objetos y mucha impotencia por parte de la afición herculina
