La clave para que se haya producido este incremento tan grande justo después de que el equipo haya descendido a Segunda División solo puede encontrarse en los sueldos de los altos ejecutivos, porque la mayoría del personal administrativo no tiene unos emolumentos tan grandes como para que la sociedad haya pasado de gastarse poco más de un millón de euros en la temporada 2006-2007, la última del Celta en Primera División y la primera de Carlos Mouriño como presidente céltico, a más de un millón setecientos mil de la última campaña, ya en Segunda División.
(La voz)
