Se salió la verdad
Un día destacante en la historia reciente del club con la dimisión de un entrenador y la entrada de un nuevo sheriff eclipsado por una confesión subliminal de Ramón Martínez de una tendencia preocupante por pasa por el Calle de Conde de Gondomar – conservadurismo
Antonio López ya no es entrenador de Celta después de dimitir en un fin de semana en que su equipo mostró una imagen lamentable ante la cantera sevillano. Consiguió como entrenador principal ganar sólo dos veces, ante Numancia y Hércules, en ocho jornadas en que poco cambió. No supo dirigir un vestuario toxico ni pudo dar los resultados para hacer una remontada en el rumbo final de la temporada para conseguir el ascenso. El técnico cordobés estuvo con el club desde la temporada, donde fue la mano derecho de Hristo Stoichkov, quien le eligió para dirigir los entrenamientos y como recurso táctico para enfrontar los partidos, así utilizar su experiencia en fútbol español e internacional. Muchos en la prensa y declaraciones de varios jugadores de la plantilla dieron entender que era el cerebro de Celta y Stoichkov era una figura simbólica, pero si era el cerebro de Celta en esos tiempos, mal hizo el antiguo central de Atlético de Madrid y Sevilla. Celta tuvo un mal arranque de la temporada y la planificación del conjunto Stoichkov-López fue un fracaso tremendo desde el inicio. Celta saltó al césped en los finales de agosto contra Córdoba sin ideas claras, y solo su única oportunidad verdadera del juego, Canobbio marcó, pero Celta regaló un empate. Dos semanas más tarde, las cosas empeoraron ante un Éibar que parecía el equipo que descendió de Primera y Celta el recién ascendido de Segunda B. Un calendario más que favorable a los intereses celestes llegó a dar tres victorias ante clubes que estuvieron o están en el parte baja de la clasificación de la categoría, pero su juego no mejoró. Stoichkov dimitió después de siete jornadas y llevó la mayoría de las críticas por parte de la afición y las merecieron por ser encargado como técnico, pero Antonio López también merecía las críticas. Un entrenador con su currículo debería hacer mejor en los entrenamientos para enseñar las jugadas de balón parado y solidificar una línea defensiva floja de la temporada pasada con un mejor sistema.
López quedó con el club después de la fichaje de López Caro para suplir a Stoichkov y en ese tiempo, el ex-seleccionador boliviano se quedó en segundo plano con el mismo papel, pero con menos visibilidad. La era de López Caro tuvo grandes momentos en que muchos pensaba que el Celta iba a quedar en los puestos de ascenso antes del paro navideño y después sacar puntos con su confianza en los nubes, pero un serie de resultados que se alejó Celta de los puestos de ascenso en los meses de febrero y marzo proporcionó un nuevo cambio, el tercero, en el banquillo de Real Club Celta. Antonio López fue el elegido y su tiempo fue destacado con un notable bajón en la calidad del juego celeste y el egoísmo de un hombre que pensaba que tenía la solución para ascender Celta y ser el héroe. Subió Michu de la cantera en su primera convocatoria para el partido en casa contra Albacete, convocar sólo 17 jugadores en una lista que dejó Diego Costa y Quincy ver el partido desde el palco. Las cosas parecieron cambiar un poco con una remontada clásica dirigido por Diego Costa y un gran partido ante Sporting, pero perder en Malata y perder puntos contra Real Sociedad en casa contra un rival directo para el ascenso dejó Celta con pocas opciones. Dos derrotas con el resultado a favor en el marcador contra Gimnàstic y Málaga confirmó lo que pocos esperaba en el inicio del año – Celta tenía que pensar no el ascenso, para la permanencia a falta de seis jornadas para el final de la temporada. La declaraciones públicas contestar la idea del coordinador de las categorías inferiores José Luis Molina de debutar canteranos fue uno de las numerosas demuestras de la incapacidad que el antiguo mano derecho de Benítez tenía para ser un entrenador de Celta. López manejó la plantilla excesivamente con la mano dura y no supo tener el respecto del vestuario. Añadió muy poco al club en su tiempo y creo que tuvo un efecto negativo al longo de la temporada y su mejor acción como empleado del club fue ser profesional suficiente para dimitirse, así el club no tiene que pagar un hombre que obviamente no mereció la mitad de su sueldo.
Salió López por el atardecer y entró un nuevo sheriff en la ciudad, el entrenador del filial, el asturiano Alejandro Menéndez, que no cuenta con experiencia con clubes profesionales. Una figura que me recuerda de los figuras de los spaghetti westerns que ponga Televisión de Galicia sábados por la madrugada que estaba acostumbrado a ver cuando estaba borracho, con una zancada en que todo su peso se transfiere a cada pierna de una forma que comanda atención y respecto a los que están dentro de la misma sala y la disposición de los entrenadores de fútbol americano – nunca sabes si irá tirar un contenedor de basura contra la pared en una demonstración primal o irá dar un consejo. Su primera rueda de prensa desveló una cara poca vista por la afición desde su contratación el pasado verano, pero las indicaciones fueron prometedoras a lo que resta de la temporada.
“Confianza en todos que salgan al terreno de juego hace con una idea, que no se hace por hacer. Y sobre todo, un estilo. Vamos a marcar que todos los jugadores sepan a lo que jugamos… Vamos a llegar al objetivo, creo que en este caso es hacer más de 50 puntos, y cuanto más arriba quedemos, mucho mejor.”
Menéndez también añadió que tiene como prioridad corregir los malos futbolísticos y psicológicos que tiene la plantilla, un tema ya hablado en este espacio. La intención del club es que Menéndez es una solución para el corto plazo, entonces esperamos que el técnico de los categorías inferiores de Sporting Gijón tiene el toque mágico para intentar evitar el peligro de los puestos de ascenso, que están a cinco puntos a falta de cinco jornadas. Lo más significativo de la rueda de prensa convocada para confirmar el cambio en el banquillo celeste fueron estas declaraciones de Ramón Martínez:
“Yo no me considero absolutamente nada de culpable, simplemente, hemos hecho el mejor plantilla que había que hacer, y por una serie de circunstancias, la plantilla no funcionó, pero creo que todos pensábamos, incluso algunos de vosotros, creo que he hablado con alguno de Uds. en el nivel individual, al comenzar la liga, que era una muy buena plantilla para la categoría.”
Estas palabras parecieron casi estar al punto de la lengua de Ramón Martínez en los últimos meses con las críticas que ha llevado en la prensa y por la afición en los últimos meses sobre la calidad de la plantilla. Martínez tiene toda la razón del mundo: un noventa y cinco por ciento de los aficionados celestes, aficionados de clubes en la categoría y entrenadores de la categoría aplaudió el esfuerzo hecho por este hombre, pero los juegos no juegan en el papel del despacho de Ramón Martínez, ni con las estadísticas puestas en Don Balón, el currículo de los jugadores o por un voto popular de los aficionados.
Esto va a una teoría en que he pensado en las últimas semanas sobre la razón en que Celta está en media tabla de la Liga BBVA casi dos años después Carlos Mouriño. Yo creo que el directivo de Celta ha sido demasiado conservador desde el momento en que Mouriño compró las acciones de Horacio Gómez y tomo cargo de Real Club Celta de Vigo, SAD. “Celta 100% Vigo” no fue innovador, y tampoco intentó cazar atraer nuevos aficionados al Balaidos ni quedó bien para los abonados antiguos que desconfió del propietario mexicano-gallego rápidamente. Los fichajes importantes de ese verano, Nené, Antonio Guayre y Tamas, fueron buenos, pero fueron sensibles – pensar dentro de la caja – cuando clubes como nuestros rivales como Deportivo ficharon joven promesa Guardado. Además, el club perdió jugadores importantes que estaban cedidos como David Silva y José Enrique que dejó ese plantilla con menos talento y con competiciones europeas, sin una póliza de seguros para los lesiones. Diego Placente, por ejemplo, fue un auténtico desastre y sin José Enrique como suplente, tuvimos que ver Jonathan Aspas, un jugador con talento equivalente a jugadores semiprofesionales con todos mis respectos, para suplir esa demarcación, que fue el punto débil de esa plantilla. El club no gastó dinero para fichar alguien que podía marcar la diferencia en el mercado de invierno cuando el club estaba en peligro y simplemente fichó Habib Bamogo y Miguel Areias, que añadieron muy poco al equipo, y en el caso de Areias, nada. La decisión de no destituir Fernando Vázquez fue acertada en el momento, pero la decisión de fichar un nuevo entrenador con el personaje de Cristo Stoichkov después desestabilizó el equipo. Además, la razón fundamental por no destituir Vázquez en esa reunión memorable fue porque Mouriño no quiso gastar el dinero para encontrar un entrenador especializado en salvar equipos o en atraer un entrenador de calidad como el danés Michael Laudrup que está a hacer una campaña brillante con Getafe.
El descenso llevó muchos cambios y un nuevo director deportivo para planificar un regreso a la liga de las estrellas, pero hizo una planificación poco original. No arriesgo con la cantera, decidió no traer jugadores con currículos en la categoría con veteranía y decidió por fichar los mejores jugadores descartados por equipos de la Primera División y jugadores de otras canteras. El vestuario no tuvo una cultura desde minuto uno y aunque habían jugadores como Pinto, Perera, Núñez y Canobbio de la plantilla que descendió, Pinto fue el único líder verdadero del grupo y el club tardó en resolver los casos de Ángel y Borja Oubiña y los apartados, Lequi y Contreras conllevó una dinámica más que extraña al equipo. La integración de jugadores del extranjero como Okkas y Quincy nunca aconteció como previsto y así el vestuario quedó como un conjunto de individuales y tal vez el único punto en común fue el disgusto contra Stoichkov. La temporada de fichajes en enero tuvo mucha acción, pero por la puerta de salida y pocas altas. Fernando Sales y Ariel Rosada nunca aportaron mucho al equipo y la decisión de no ir por jugadores como Álvaro Antón de Valladolid o Natalio de Almería, ambos jugadores con experiencia en ascensos fueron decisiones malas.
Entiendo personalmente las decisiones hechas por Carlos Mouriño, aunque no estoy de acuerdo con algunas, son basados en el futuro sano para el club, pero la cultura de conservadurismo que se destaca en muchas de las decisiones hechas por el club últimamente. Siempre vas a quedar en segundo lugar en vida si no arriesgas cuando sea necesario, y la misma ley aplica con el fútbol. Con una división tan competitiva como este año, la decisión de fichar jugadores por nombre y currículo y no por su funcionamiento dentro del conjunto fue mal tomada. A mí no me importa si tenemos siete jugadores que ha jugado en Champions o fichemos un jugador que marcó seis goles en un partido oficial, solo me importa que Celta gane. No sé si soy el único, pero tengo la esperanza que esta directiva nos lleva a Primera División y tal vez una nueva época de éxitos, pero nada va a cambiar si no aprende de sus errores de las últimas dos temporadas y el club continua hacer el obvio, pensar dentro de la caja, ponerse su cabeza por debajo del suelo y pensar que son invencibles. El tono de las declaraciones de Ramón Martínez fueron lo más importante de todo que pasó hoy porque demostró la arrogancia, la falta de admitir responsabilidad por sus hechos y su manía por hacer conservador, una manía que tiene que cambiar desde el final de la temporada o si no, Carlos Mouriño va a continuar con su recta de manchar la historia de un club histórico de fútbol español.
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